Reseñas

Noel Gallagher’s High Flying Birds – Who Built The Moon?

Britpop/Rock

Sour Mash, 2017.

Reseña de David.

noel g who built“Una relación es como un tiburón: tiene que moverse constantemente hacia adelante o se muere. Y me parece que lo que tenemos entre manos es un tiburón muerto”. Esta lapidaria cita aparecía en algún momento cerca del final de Annie Hall, con un Woody Allen asumiendo caballerosamente que Diane Keaton quería hacer mutis por el foro. Pero la cosa no quedó ahí.

El tercer disco en solitario del mayor de los hermanos Oasis (para los despistados, éste es el hermano con talento, el que componía los himnos, pero igual de bocazas y carismático que el otro) es una descarada huída hacia delante. Supongo que Noel se miró un día de estos al espejo y se dio cuenta de que probablemente lo que tenía entre manos con su carrera artística era un tiburón moribundo, y que ya era hora de aplicar el plan B.

Pero puede que el plan B haya llegado demasiado tarde, puede que haya pillado a Gallagher demasiado viejo y oxidado, demasiado acomodado en su apolillado trono donde una vez tomaba té en una taza con la Union Jack, antes de que todas fueran de Starbucks. Siempre he pensado que Noel, en sus sueños más húmedos, -porque todos los tenemos, incluso él- se veía a sí mismo en 15 años con una carrera en solitario sólida y alabada tanto por crítica como por público, al estilo de la de su héroe y amigo Paul Weller. El problema es que para hacer lo que ha hecho el Modfather no sólo hay que tener un gran talento para el pop, como puede que Noel también tenga, sino además unas enormes ambición y ganas por probarse a uno mismo, por aventurarse fuera de su zona de confort. Y hacerlo encima de manera brillante, claro.

Por tanto el disco parece, más que una evolución en su carrera y una exploración convincente de nuevos horizontes, un intento desesperado de reanimación cardiopulmonar a un tiburón que lleva cinco o diez años parado. Sólo así se explican cosas como ‘Holy Mountain’, primer single del disco: se ha dicho que suena a pureta de 50 años imitando a The Vaccines, y la verdad es que poco más se puede añadir. Bueno sí, que el teclado que aparece de fondo en el estribillo es una de las cosas más geniales e infecciosas que escucharás en 2017, pero ni siquiera eso es mérito del de Manchester, pues está sampleado de una canción de unos tal The Ice Cream, uno de tantos one-hit wonder de los sesenta/setenta.

‘She Taught Me How To Fly’ o ‘Keep On Reaching’ responden a una dinámica parecida: Gallagher queriendo sonar innovador y fresco, sin llegar a creérselo ni el mismo. Rascando un poco descubrirás, debajo de una producción inspirada en el indie actual y una base rítmica dance-rockera, que en realidad te está trayendo a la palestra una de sus viejas melodías bajo una progresión de acordes poco inspirada. ‘Black & White Sunshine’, por ejemplo, tiene un estribillo que bien podría haber aparecido en el Be Here Now allá por 1997, sólo que esta vez, en vez de sustentarla en un muro de Epiphones, lo hace en un bajo paulmccartniano y una linea de guitarra à la Peter Buck de R.E.M. Ha habido un cambio, pero no tan valiente ni tan natural como debiera.

Es cierto que esfuerzos más novedosos como la luminosa y cuasi-folk ‘If Love Is The Law’ o la onírica ‘It’s A Beautiful World’ son de agradecer, pero suenan torpes y carentes de sinceridad o frescura. Más bien dan la sensación de que Noel llegó al estudio con la vieja canción de siempre, buena pero por supuesto lejos de tener la magia de las de los 90, y que pasó un par de tardes estrujándose el cerebro junto al productor de música electrónica David Holmes (que ha trabajado junto a U2 o Primal Scream, y ha compuesto las bandas sonoras para un buen puñado de pelis de Soderbergh) para evitar sonar a lo de siempre. Y algo parecido me sucede con ‘The Man Who Built The Moon’ o ‘Fort Knox’, aunque las cuerdas y los guitarrazos oscuros de la primera, y una batería y unos coros demenciales en la segunda, hacen que resulten unas actualizaciones bastante buenas de ‘The Masterplan’ o ‘Fuckin’ in the Bushes’. El instrumental ‘Wednesday’, del que aparecen dos extractos a modo de interludio y cierre de disco, es una vez más algo decente que se sale el arquetipo de canción de Oasis/Noel Gallagher, pero no es nada que no haya explorado antes en instrumentales tipo ‘I Can See It Now’ o ‘The Cage’, y a fin de cuentas resulta insustancial. No obstante, prefiero algo así a escuchar la enésima re-escritura de ‘Don’t Look Back In Anger’ o ‘Falling Down’, probablemente porque creo que al músico que fue Noel Gallagher se le debe exigir mucho más -ejem, ‘Dead In The Water’, ejem-.

Párrafo a parte merece la que para mí es la gran excepción del disco -algo así como lo que fue ‘The Right Stuff’ para su anterior trabajo, aunque mejor incluso-: la magnífica ‘Be Careful What You Wish For’. Una acústica con una cadencia perfecta arranca el tema, aupada después por una eléctrica perfectamente afilada, un bajo musculoso y una percusión elegante -los ruiditos vocales de Noel y las coristas molan demasiado como para poder describirse en palabras-. Más que una canción, es una puta lección de inventiva instrumental añeja y a la vez nueva, y de trucos de estudio inteligentísimos para hacer que una melodía de voz decente se convierta en un mantra que asciende como el humo durante seis minutos. Es cierto que recuerda demasiado a ‘Come Together’ de ya-sabemos-quién, pero a fin de cuentas se trata de quien se trata: Noel siempre ha sido el Jesús Gil de la música británica, mucha actitud a la hora de robar, y también mucha desvergüenza. Aunque con robos así yo creo que todos le indultamos de su particular caso Malaya. Un trabajo con 10 canciones como ésta y un solo Holy Mountain es lo que yo deseo en un disco de Noel Gallagher, y no al revés.

Woody le decía a Diane que sí, que tenía razón, que el tiburón no avanzaba y que había que hacer levantamiento de cadáver. Pero poco después se lo pensaba mejor -o peor- y volvía suplicándole una segunda oportunidad. El raciocinio, la frialdad, el respeto hacia ella, y sobre todo hacia sí mismo, se habían esfumado. Todo ser humano ha estado ahí en algún momento. Cuenta la leyenda que hubo una vez alguien a quien volver arrastrándose y prometiendo cambiar le funcionó, pero para el resto de los mortales al final sólo es una cosa más que añadir a la lista de arrepentimientos. Claro que si alguien es capaz de obrar el milagro de “La Resurrección del Tiburón” al estilo de la de Lázaro, ese alguien tiene que ser Noel Gallagher.

nota2

lo peor

Noel quiere convencernos de que se está empezando a desatar, que está evolucionando, arriesgando, innovando… Si eso es cierto, lo está haciendo despacio y no con demasiada buena letra. Aunque dudo que sea cierto.

lo mejor

Be Careful What You Wish For. Y punto.

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